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Adicciones

Los vicios vienen como pasajeros
nos visitan como huéspedes
y se quedan como amos.
CONFUNCIO

La palabra “adicto” viene del latín “addictus” que quiere decir “adjudicado” o “heredado”. Después de una guerra los romanos regalaban esclavos a los soldados que habían triunfado, esos esclavos eran conocidos como “addictus”.
Cuando se vendía un esclavo, éste era asignado y entregado a su nuevo amo, por lo que pasaba a ser el addictus de (y el nombre de su amo) y acabó siendo utilizado para decir que pertenecía alguien o algo.
Ya en su evolución en las diferentes lenguas, con el tiempo se aplicó la palabra adicto para señalar a aquellos que estaban entregados, dominados o pertenecían a la droga, juego, sexo, trabajo, internet o cualquier cosa a la que se puede ser adicto y/o tener una afición desmedida.
Hoy podríamos decir que el “adicto” es un “esclavo”, porque es alguien que mantiene un hábito de conductas peligrosas o de consumo de determinados productos, en especial drogas, y del que no se puede prescindir o resulta muy difícil hacerlo por razones de dependencia psicológica o incluso fisiológica.
La adición es una enfermedad que afecta a la persona en varios aspectos:
1. Físicamente: reacción en forma de compulsión que produce el contacto con la sustancia
2. Mentalmente: obsesión con la sustancia y distorsión de la percepción de la realidad.
3. Emocionalmente: dificultad para sentir moderadamente y regular las emociones. Hipersensibilidad o bloqueo.
4. Espiritualmente: desconexión de uno mismo, de otros y de lo trascendente, como una discapacidad de contacto y conexión, con uno mismo y con los demás.
La información de la que disponemos hoy en día, sobre cómo podemos dejar de depender de la adicción que padecemos es innumerable, esto puede no darnos el resultado esperado o al menos no el que nos ofrecen. Esto se debe a que somos seres únicos, especiales, tenemos una manera de interpretar el mundo de manera subjetiva, formada por nuestras enseñanzas, condicionamientos, identificaciones, valores, creencias, idiosincrasia, además de nuestras vivencias y la herencia genética. Es el ser en relación con el mundo externo, interno y con las cosas.
La palabra responsabilidad cobra una gran importancia porque asumir la responsabilidad significa que “Soy responsable de lo que hago y de lo que prefiero ignorar“, lo que implica un conocimiento del sí mismo, es decir, el paso de la conciencia a la acción.
Por ello, lo primero será conocer el mundo de la persona, sus formas de pensar, de sentir, de dirigir el afecto y relacionarse. En este proceso de relación y conocimiento, se descarta absolutamente, el emitir un juicio de todo lo que el paciente expone.
En algunos casos y dependiendo de la adicción, es importante establecer medidas de control, si es posible, es necesario que estas medidas se lleven a cabo por otro, familiar, pareja, amigo etc. En el caso de no tener alguien que pueda ayudar en esta primera etapa, se construirá un contrato con algunas normas consensuadas con el paciente por un tiempo limitado.
En este proceso es importante el cambio del deseo. El deseo motoriza la voluntad, el poder de comenzar espontáneamente una serie de cosas, poner en práctica las elecciones y el éxito de la terapia es la elección libre. Debemos construir “el sentido” de por qué realizar el esfuerzo, sin sentido nada tiene resultado. Ya que nuestras acciones son constructoras de nuestro destino, y sólo nosotros somos responsables de hacerla.
«Quien es auténtico, asume la responsabilidad por ser lo que es y se reconoce libre de ser lo que es.» Jean-Paul Sartre.
En este abordaje, es importante pensar que hay que hacer hincapié en el hábito, en el día a día, la adicción tiene un ciclo de consumo y cada persona tiene un ciclo propio y distinto al otro. Es fundamental conocer este ciclo, de cada individuo, la idea de consumo empieza antes, incluso días antes del consumo, es por este motivo que es primordial saber cuándo empieza este encadenamiento de ideas, esta programación de consumo: por la mañana, el mediodía, la tarde, después del café, a consecuencia de un éxito o un fracaso, un disgusto con alguien, una situación estresante etc. Este conocimiento nos sirve para anticiparnos, nos advierte de un posible peligro.

Cuando hablamos de dejar el consumo, estamos diciendo de que la lucha, es por el segundo, por el minuto y de lo que se trata es ganar un segundo, un minuto, un día más sin consumo. Todas las herramientas que fabriquemos en terapia van a estar preparadas y diseñadas para enfrentar ese segundo, donde uno toma la decisión, decisión que, de ser incorrecta, todo se viene abajo y hay que volver a empezar de nuevo, de cero. La culpa y el miedo toman el mando de toda nuestra existencia, nuestra autoestima desintegrada y el surgimiento del profeta interno, volviendo a prometer cosas que no van a pasar. Si no somos capaces de aceptar nuestra situación, ponerle nombre de enfermedad y abordarla como debemos hacerlo, con responsabilidad de nuestra existencia, de lo que nos merecemos: ser dueños de nuestra libertad, mirando nuestro potencial y darnos cuenta de que somo mucho más que un rol de consumo.
“Para encontrarte a ti mismo, piensa por ti mismo”. Sócrates.

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