Fantasías eróticas, vida sexual individual y en pareja

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Fantasías eróticas, vida sexual individual y en pareja

¿Qué es la fantasía?
La fantasía es la capacidad humana para imaginar hechos, sucesos o situaciones que pueden ser posibles o imposibles, reales o irreales. La palabra fantasía proviene del latín Phantasia, que a su vez se deriva del griego, Phantasos, quien era hijo o siervo del sueño.
La fantasía supone un nivel más elevado de imaginación, pues implica la facultad de una persona para inventar, crear o producir con su mente mundos o situaciones imaginarias o quiméricas.
Existen individuos que hacen un uso productivo de su capacidad de fantasear, esto lo pueden desarrollar en el arte, a través de la pintura, la escultura, entre otras, o por medio de la literatura, escribiendo diferentes historias, creando personajes con características peculiares, todo cuanto la imaginación pueda dar. Ya que la imaginación y la fantasía son dos términos que se encuentran muy unidos, porque representan la capacidad cognitiva del hombre, que le permite poder recrear imágenes en su mente de hechos del pasado y de experiencias vividas.
En la vida cotidiana algunas personas acostumbran a relacionar la fantasía con el sexo y el erotismo como ideas no satisfechas por la persona. Sin embargo, la fantasía se puede dar en diferentes tipos de realidades. por ejemplo, la fantasía de tener un excelente trabajo, de tener una casa enorme con todos los lujos, etc.
Todos los humanos tienen la capacidad de fantasear (adultos, niños, ancianos)
¿Qué significa la palabra erótico?
Que enciende o activa el deseo sexual
¿Por qué tenemos fantasías eróticas?
Las fantasías son ideas o pensamientos que ponen en juego nuestra creatividad sexual. La capacidad de fantasear es muy saludable. Desde que nacemos, las personas adultas que nos rodean en la sociedad se encargan de señalarnos lo que está bien y lo que está mal. Así, casi sin darnos cuenta, empezamos a poner límites a ciertos deseos relacionados con el placer.
Todos los seres humanos alguna vez han tenido una fantasía y nueve de cada diez personas acostumbran a fantasear de un modo habitual. La fantasía sexual se empieza a despertar en la pubertad y nos acompaña el resto de nuestra vida. Nos permite escapar de la realidad, cumplir ciertos deseos en nuestra mente y, por eso, muchas veces parece que las fantasías que tenemos van en contra de nuestros valores y creencias. En el mundo de las fantasías no hay reglas.
Fantasear puede enriquecer la relación sexual en pareja, aunque es importante mantener cierta intimidad sexual.
Ideas para romper la monotonía y avivar tu relación. Cómo mantener viva la llama del sexo en una pareja estable
Compartiendo la fantasía erótica puedes mejorar la vida en pareja y autoestima, siempre que estén claro los límites de ambos. El mundo interior erótico de cada uno puede ser un gran aliado o un enemigo, dependiendo de lo que nos permitamos o no. Por ende, al conocernos un poco más y descubrir partes nuevas de nuestra sexualidad pueden surgir mil dudas al respecto.
¿Cuál es la línea que separa el deseo de la fantasía?
Una cosa es el deseo erótico y otra la fantasía sexual. La fantasía no está construida para que acontezca en la realidad, el deseo sí lo está, por ejemplo, una cosa es imaginarnos atracando un banco y otra muy distinta es desear atracar un banco. En nuestro día a día y en aspectos más cotidianos diferenciamos con mucha facilidad lo que es imaginación o pensamiento de deseo. El problema es cuando le añadimos el concepto “sexualidad”, momento en el que entran en juego muchos prejuicios, tabúes y emociones que nos hacen dudar de la diferencia.
El deseo es algo más que fantasía. La fantasía se queda en nuestro pensamiento, nada en nuestra cabeza y fomenta nuestra mente sexual creativa. En el deseo hay un componente de acción, una intención.
¿Cuáles son las fantasías más comunes de los hombres y de las mujeres?
Debemos partir de la idea de que las fantasías son muy personales y nunca podremos llegar a conocer la veracidad de los datos.
A los hombres les gustan más los aspectos visuales, la acción, y suelen adjudicarse papeles más activos. Las fantasías típicas son:
Hay que tener en cuenta que lo importante antes de poner en práctica nuestra fantasía es conocer nuestros propios límites y los de nuestra pareja”
•Recordar cosas que ya has hecho con tu pareja o que te gustaría hacer con ella.
•Imaginarse un encuentro con una persona conocida o famosa.
•Hacerse una película haciendo un trío.
•Ver o ser visto practicando sexo.
•Roles de agresión-dominación versus roles de sumisión.
•Tener sexo en lugares prohibidos.
•Juegos de rol.
Las mujeres tienden a ser más imaginativas, emotivas y románticas Le dan más importancia al argumento y suelen elegir un papel más pasivo. Las fantasías típicas son:
•Recordar escenas sexuales con la pareja.
• Imaginar un encuentro sexual con una persona conocida o famosa.
•Probar algo nuevo o prohibido como ser atada, sexo en un lugar público o sexualidad en grupo.
•Revivir una experiencia sexual pasada.
•Hacer el amor en plan romántico e idílico.
¿Deberían las parejas compartir ese tipo de fantasías o sueños eróticos?
Las fantasías son un terreno muy delicado y personal que, por supuesto, puede enriquecer y beneficiar la relación sexual en la pareja, puede aumentar la excitación, se pueden llegar a narrar durante el acto sexual escenificándolas, e incluso alguna puede llegar a convertirse en realidad. Pero al mismo tiempo es importante tener nuestra intimidad sexual. Para poder compartirlas primero de todo es preguntarnos si nos apetece. Si la respuesta es sí, conviene empezar con las fantasías más “ligeras”. No hace falta entrar en exceso de detalles. Y debemos tener en cuenta si nuestra pareja puede recibirla bien o le podemos despertar alguna inseguridad, malestar o rechazo.
Para ello, ambos deben vivir las fantasías como algo natural, algo que es simplemente un erotismo de nuestra mente que no significa un deseo real.
Síntomas de una vida sexual sana
Fantaseando se pueden vivir experiencias que puede que en la vida real no se puedan o no se quieran vivir. Cuanto más se practica el fantasear, más sencillo es desencadenar la respuesta sexual y, por tanto, conseguir placer y bienestar sexual.
Las fantasías son un aspecto más de la sexualidad, nos ayudan a conocernos, a saltarnos las prohibiciones, a plantar cara a los tabúes y, sobre todo, mejoran nuestra vida sexual, nuestra autoestima y nuestro atractivo personal. Debemos recordar que el mejor afrodisíaco está en nuestra mente, porque como ya sabemos el cerebro es el principal órgano sexual.
¿Por qué se decide llevar a cabo una fantasía o no?
La conveniencia de hacer realidad las fantasías sexuales dependen de cada persona, de su intimidad y de la forma en que lleva su vida sexual. Hacer realidad una fantasía puede tener resultados estupendos, pero en algunos casos puede ser traumatizante, ya que una vez materializada puede perder cierto grado de intensidad en comparación a cuando sólo suceden en nuestra mente. Hay que tener en cuenta que dentro de nuestra mente tenemos el control y podemos idealizar todo aquello que nos complazca.
Al mismo tiempo, si las expectativas no son muy altas y el deseo de vivir la fantasía es elevado probablemente haciendo realidad la fantasía se descubran nuevos aspectos de uno mismo y de la pareja. La vida sexual en pareja se acostumbra a beneficiar de una inyección extra de pasión.
Si esa fantasía es con otra persona que no sea su pareja, ¿debe considerarse engaño?
Ésta no es una pregunta sencilla, ni mucho menos, ya que suscita un debate muy interesante sobre los límites. Los expertos en la materia hablamos de infidelidad o engaño cuando existe una conducta. El pensamiento es libre y nuestra capacidad de fantasear también. Es muy diferente pensar que hacer. Además, pensamiento no significa deseo real.
Aunque cada persona es un mundo. Siempre decimos que lo importante es conocer nuestros propios límites y, sobre todo que, si estamos en pareja, es imprescindible hablar de ello, trabajar la comunicación en todos los aspectos para poder llegar a pactos y acuerdos que nos aporten bienestar a ambos.
Consejos para disfrutar de un sexo pleno (incluso si estás confinado solo)
Estar más en casa ofrece la oportunidad de explorar y trabajar el placer y la sexualidad. El confinamiento tiene momentos duros, pero también se pueden buscar otros para disfrutar.
Vivir el confinamiento solo no impide trabajar la propia sexualidad. Este confinamiento tiene aspectos muy duros, como las dificultades de salud para muchos, la situación sanitaria y social, el miedo al contagio, la soledad, momentos de ansiedad y de tristeza, el estar encerrados.
Pero de una mala situación siempre podemos sacar también aspectos positivos, como es el caso de esta idea. Si estamos confinados solos, aprovechar para trabajar algún aspecto personal es un gran objetivo. Si en este caso hablamos en concreto de trabajar para, pienso que lo más importante es saber qué aspectos básicos necesitamos tener claros para poder disfrutar de una sexualidad plena y consciente.
Conoce tu cuerpo
El primer paso para disfrutar de una buena sexualidad es conocer la vía por la que tienes sensaciones, y a eso se le llama cuerpo. Es importante que conozcas tus rincones, tus matices. Observa tu cuerpo sin juzgarlo, solo conócelo y descúbrelo.
Para ello es bueno buscar un rato de tranquilidad, tener un espejo a mano y ponerte a observar todas las partes de tu cuerpo, aceptarlas y, sobre todo, conocer al detalle la zona genital, la más olvidada, la más escondida. No debes tener miedo a revisarla, es parte de ti.
Busca tu propio placer
¿Conoces lo que te gusta? Para sentir placer debes descubrir aquello que te hace sentir. Investiga qué sensaciones tienes, toca distintas partes, busca diferentes maneras de estimularte. El placer depende de uno mismo, cada uno debe encargarse de su placer, ¿sabes conseguir el tuyo? Te animo a que recorras tu cuerpo de la cabeza a los pies y vayas identificando aquellas zonas que te gusta tocar y de qué manera te gusta más acariciarlas.
Acéptate y quiérete
Tu cuerpo, tu excitación, tus fantasías. todo está bien. Deja de juzgarte, de exigirte, y empieza a aceptarte y a quererte. Todo cuerpo es bello, todo deseo es bonito (siempre que se respete a los demás).
Este punto es uno de los más complejos, siempre aparece la exigencia y la idea de que el cuerpo es feo, o podría ser mejor, sobra de aquí o de allí. Para poder llegar a la plena sexualidad primero debe haber una aceptación de quién eres y una autoestima hacia uno mismo.
Potencia tu yo erótico
Saca la mejor versión de ti mismo eróticamente hablando. Permítete tiempo para fomentar tu deseo, para potenciar tu erotismo. Seguro que dedicas mil minutos a muchísimas cosas, pero pocos instantes a tu bienestar. El erotismo, la sexualidad, es un aspecto básico para tu autoestima.
Busca recursos para conocer ese yo erótico: música sensual, un olor, una ropa interior, una lectura erótica, un vídeo sensual. Es bueno que uno mismo sepa cómo trabajar su deseo y cómo conectar con su erotismo, porque es la base para empezar a disfrutar de una buena sexualidad.
Disfruta del camino, no hay un fin
¿Cuál es el fin? ¿Dónde pretendes llegar? En el sexo lo más importante es el camino, el recorrido, no por llegar al clímax significa mayor placer. Aprende a descubrir los diferentes placeres y a encontrar los matices en cada paso sexual.
Este aspecto acostumbra a ser uno de los más complicados, siempre hay una meta, y ese es un error. El orgasmo no debe ser la finalidad. Intenta conectar con todas las sensaciones y eso te ayudará a cambiar la idea que tienes del sexo y aparecerán muchos matices interesantes para descubrir.
Desconecta la mente y conecta el cuerpo
Deja de pensar, fluye, siente, conecta con lo que dice y experimenta tu cuerpo. No hay exigencias, no hay objetivo, simplemente sentir. Apaga tu mente. No se trata de tener la mente en blanco, aspecto imposible de conseguir, pero sí que puedes conseguir que la mente lo único que haga es escuchar al cuerpo, y que si aparece algún pensamiento sea erótico y centrado en el momento que estás viviendo. En muchas ocasiones recomiendo que se trabaje la relajación o el mindfulness cuando cuesta apagar pensamientos que distraen.
Crea tu ambiente
Busca el entorno adecuado para dejarte llevar. Crea un ambiente que te ayude a conectar con el yo erótico, a desconectar la mente, a sentir. Es un aspecto que se valora poco y uno de los más importantes. Quizás una luz más tenue, una música sensual o relajante, una cama cómoda, un olor.
Exprésate
Muestra lo que sientes y deseas, déjate llevar. El yo debe ser el centro, no el otro. Céntrate en ti mismo, pero sin exigencias. Aprende a mostrarte, a pedir, a ser espontáneo, a fluir. No te pongas en la postura de simplemente ser un ente que ofrece placer al otro, no aceptes la idea de ser “la vía” para que el otro obtenga el placer. Debes empoderarte, mostrar tus deseos y necesidades y responsabilizarte de tu placer. Es importante que uno se conozca y se responsabilice de su propio placer.
Deja de actuar
Escúchate y no busques ser alguien que no eres, no te fuerces. Deja de actuar, de mostrarte tal y como se nos exige, de ser aquel hombre o aquella mujer que siempre está dispuesto, que todo lo que le hacen le gusta, que acepta lo que el otro necesita.
Ámate y sé capaz de mostrarte tú mismo sin esperar la aprobación ni la aceptación del otro. No hay ninguna pauta marcada de cómo debemos ser en la cama; la pornografía no debe ser nuestro referente, debemos partir desde el yo.
Elimina la vergüenza, no te juzgues
Deja de sentirte mal por lo que hagas, por tu cuerpo, por lo que el otro espera de ti. Vales mucho y eres increíble, no dudes de ello. A través de la aceptación y de la autoestima podrás disfrutar de una sexualidad plena.

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