Ansiedad por el confinamiento en la adolescencia

Estrés postraumático
31 mayo, 2020
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Ansiedad por el confinamiento en la adolescencia

Los adolescentes, al principio, el confinamiento se lo tomaron como unas vacaciones, pero después de semana santa la cosa cambió. Hay adolescentes que no pueden dormir y otros que han perdido el apetito. Algunos son hijos de sanitarios y tienen miedo y sufren estigma. Otros están angustiados con el curso, sobre todo los de segundo de bachillerato por la selectividad, porque se juegan su futuro; la mayoría sienten ansiedad ante la incertidumbre de la situación. Muchos han perdido a algún familiar o tienen a alguien cercano enfermo y tienen miedo a contagiarse.
El confinamiento está pasando factura. Malestar, tristeza, soledad, apatía, frustración, rábia son algunos de los síntomas más habituales que, en algunos casos, según el contexto familiar o cuando hay problemas de aprendizaje o psicológicos previos, ahora se ven agravados.
Los adolescentes corren el peligro de encerrarse en sí mismos, solos expuestos a pantallas, en una edad en la que es más fácil desarrollar algún tipo de trastorno, patología o adicción.
Los jóvenes han sido los grandes olvidados en esta crisis y están sufriendo mucho. Ellos tienen un malestar emocional importante, están presentando ansiedad, insomnio; preocupados por la situación laboral de los padres; no saben qué pasará con el curso; las relaciones de pareja incipientes se truncan, o en el caso de pérdida de algún familiar, no han podido elaborar el duelo; porque se sienten solos y aislados de sus amigos.
La adolescencia es un periodo muy sensible del desarrollo de una persona en que el niño pasa a ser adulto. En esta etapa, los adolescentes están en pleno proceso de formación de la personalidad, donde se manifiesta por ejemplo hacer oposición al adulto, como forma sana y normal de definirse, lo que puede generar tensiones. Más aún en una situación extrema como la actual.
Los confinamientos tan estrictos como este provocan muchos problemas de salud mental, porque genera estrés que puede añadirse a factores previos y agravar la situación. Que no tengan instituto, ni rutinas, ni en muchos casos un espacio privado porque deban compartir habitación con más hermanos, que no puedan ver a sus amigos (que son los principales puntales de la adolescencia) les genera mucho malestar.
También comienza en esta etapa la adquisición de la propia identidad sexual y también se ha truncado.
La incertidumbre tampoco los ayuda. Reciben mensajes superconfusos a través de los medios, de los representantes políticos, de la familia, que se suman al mar propio de incertidumbres de la adolescencia. Y les resulta muy desconcertante. Muchos chicos y chicas viven en un descontrol de horarios, lo que les genera muchos problemas de sueño.
Si bien los adolescentes tienen mucha capacidad de adaptación, la situación es excepcional y su malestar no está siendo ni escuchado ni tenido en cuenta, pero se tendrá que atender y canalizar para evitar que tenga consecuencias a largo plazo.
Algunos consejos
Asambleas familiares: Es recomendable establecer un día a la semana para hablar padres e hijos de aquello que ha molestado y también de lo que ha gustado. Hay que evitar discutir en caliente.
Hacer cosas juntos: Cocinar, realizar actividades deportivas dentro de casa, ver alguna película juntos y comentarla son recursos para evitar que el adolescente se encierre en sí mismo. También para compartir tiempo de calidad juntos.
A partir de los 14 años: Deben estar informados de qué pueden hacer y qué no. Es importante que se responsabilicen de las medidas de seguridad que hay que tomar al salir y dejarlos ir a tirar la basura o a comprar.
Rutinas: Con flexibilidad, es importante ayudarlos a que mantengan unas rutinas en cuanto a comidas, sueño, escuela, ocio.
Lo positivo
No todos los adolescentes y familias viven el confinamiento de la misma forma. En algunos casos este tiempo de reclusión les ha servido para fortalecer las relaciones y la comunicación. Asimismo, ha estimulado la creatividad, han hecho vídeos, canciones, dibujos y también se han implicado socialmente.
Riesgo de desarrollar una adicción
La mayoría de los adolescentes se están pasando este confinamiento enganchados a las pantallas. No solo siguen el curso a través de ellas, sino que las usan para comunicarse con sus amigos y también para tener ratos de ocio. Este es uno de los temas que más preocupan a las familias. La cuestión es encontrar un equilibrio, porque ellos también necesitan jugar a la consola, chatear con los amigos. Hay que pactar en casa unas normas básicas para el uso de pantallas, consensuar el uso del tiempo durante el día, no obstante, hay que tener en cuenta que la adolescencia es también una etapa muy vulnerable de riesgo a adicciones. La mayoría, como el tabaco o el alcohol, comienzan en la adolescencia y ahora estamos poniéndoles extraordinariamente fácil a los chavales acabar en una adicción a las pantallas, porque se pasan el día en ellas.

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